Decía Herbert Spencer, filosofo inglés que vivió en el siglo XIX, que el progreso no es un accidente, sino una necesidad, una parte de la naturaleza. El progreso entendido como la mejora, el avance, el perfeccionamiento de la condición humana. Y es una necesidad, porque sin él, el ser humano habría sido otro capricho infructuoso de la naturaleza y nunca habría llegado al nivel actual de conocimiento y desarrollo. La necesidad de procurarse alimento o cobijo nos obligó a encontrar nuevas formas, nuevos caminos que nos permitiesen superar las dificultades y sobrevivir.
En los últimos años podríamos decir que, en nuestro entorno, los avances técnicos y el nivel de vida han alcanzado cuotas satisfactorias, que nos han permitido vivir de una manera holgada y en muchos casos con escasas preocupaciones. Tenemos coches, televisiones de plasma, teléfonos móviles, viajamos en avión y navegamos por internet. Sin embargo, la llegada de la actual crisis nos ha hecho ser más reflexivos a la hora de administrar nuestra economía personal y de afrontar nuestros proyectos de futuro. Buscamos nuevas maneras de ahorrar en nuestros gastos habituales, intentamos encontrar nuevas fuentes de ingreso o intentamos formarnos para estar mejor preparados y poder encontrar un empleo mejor. Resulta paradigmático que los períodos con mayores dificultades sean los de mayor progreso en casi todos los ámbitos. La necesidad nos mueve, nos obliga a actuar.
Ahora bien, el progreso no siempre es resultado de un mal o una coyuntura previa. Hay ocasiones en que éste surge de un individuo o un colectivo cuya motivación hacia un objetivo final les permite innovar y evolucionar en sus procedimientos y aptitudes. Para ello, hay un factor clave: la voluntad. Para afrontar cualquier reto lo primero es querer hacerlo. Sin ese primer paso en el cual se decide y ordena la propia conducta , nada es posible.
Por todo ello, en momentos en los que se hay una meta que alcanzar, el primer paso es disponer de voluntad de progreso. Ya sea el caso de una organización que no funciona, un gobierno que debe afrontar una crisis, una empresa que se expande o una persona que decide hacer dieta: hay que querer afrontar la situación, hay que querer avanzar, hay que querer progresar. Los medios necesarios para lograr los objetivos se obtendrán, porque quien tiene la voluntad tiene la fuerza.
